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Carta a Jorge (II): Sintiendo los sufrimientos

Carta a Jorge (II): Sintiendo los sufrimientos

Jorge,

 

yo tampoco antepongo un calificativo a tu nombre,  no porque no se me ocurran varios, sino porque, en el punto en el que nos encontramos no me gustaría que, y probablemente con sentido desde tu perspectiva, me tacharas de hipócrita.

 

Hablo de “perspectivas” e... irremediablemente una pequeña pieza que, aunque no quiera, siempre pone en marcha el engranaje de mis pensamientos, comienza a girar suavemente, ayudada por ese aceite de salada composición que en los últimos días me acompaña más de lo que quisiera: cuando me levanto, cuando aún en bata preparo el desayuno, cuando el vapor de la ducha empaña el cristal de un espejo donde últimamente prefiero no mirarme... pero también cuando, en mitad de la noche, me despierto angustiada.

 

Me gusta creer en la existencia de la empatía, esa aliada que te ayuda a acercarte al otro de una manera tierna y limpia de prejuicios. Sin embargo... intuyo que tiene un límite. Ese límite aparece cuando, por mucho que lo desees, te topas de bruces con una incomprensible maraña de hilos que ni el más paciente de los sastres sería capaz de deshacer. Creo que  es ahí donde tú estás ahora mismo: delante de una red tan tupida que no te permite ver luz; creo que te has sentado a su lado y, frustrado, a la vez que frío, estás tocando con los dedos la más real de las desesperanzas.

Yo estoy detrás de esa maraña de hilos o... yo soy esa maraña de hilos, no estoy segura: es de ahí desde donde te contemplo, esa es mi perspectiva. La tuya... ya lo sabemos, el más atónito desconcierto y sinsentido.

 

Me hablabas de frío y también yo lo siento cuando, tras exacerbados sofocones, acabo rendida en la cama: pasividad,  pasotismo, indiferencia, la sensación de estar muy lejos de todo y de todos, el más terrible  de los dolores... aunque... la verdad es que esto no me ocurre cuando te escribo... entonces, las manos me tiemblan y las sienes me palpitan.

 

Si percibiste ambigüedad en mi pasada carta... no te culpo, quizá es ambiguo todo lo que me está ocurriendo últimamente, pero bien sabes que, en las cosas importantes, necesito certezas, verdades sin ángulos oscuros, y... te confieso que las que hasta ahora había creído poseer... empezaron a desdibujarse vertiginosamente, apareciendo así una carroñera inseguridad que me rondaba y mantenía en vilo día y noche.

 

Jorge.. piensa, repiensa, reflexiona... pero por favor, no te sientas como un idiota. A pesar de nuestras pasadas discusiones, mis frustraciones y rabietas... es ahora cuando me doy cuenta de que nunca lo has sido. Quizá la idiota he sido o esté siéndolo yo. Quizá es que nuestros mapas, aunque un día señalaron la misma ruta, ahora muestran caminos que se bifurcan. Sólo quiero que comprendas que yo no he buscado tus puntos débiles para atacarte, que no he querido chocarme contra este muro de granito.

 

Cuando hablas de ese “avatar” perfecto que quizá en su día proyectaste en mí y aunque me siento más decepcionada que nunca antes al percibir que a su vez te he decepcionado tan profundamente al mostrarme imperfecta... me doy cuenta de que ahí está  el secreto del amor y... del desamor... en esas construcciones del otro que nos hacemos y que pueden mostrarse, con el paso del tiempo, menos fieles a la realidad de lo que creíamos.

 

Quizá yo te construí, quizá tú me construiste y... durante un tiempo, disfrutamos el uno del otro en un reflejo de felicidad. Al fin y al cabo... ¿qué es la felicidad?

 

Pienso mucho, Jorge, y aunque sé que en ocasiones te cansa esa parte de mí... siento necesidad de compartirlo contigo.

 

Ojalá tú quieras compartir algo, lo que sea y cuando sea, conmigo.

 

Laura.

Carta a Jorge: la verdad desnuda

Carta a Jorge: la verdad desnuda

Querido Jorge,

 

comienzo esta carta con un nudo en el pecho, con una presión que no me deja respirar, con una angustia difícil de describir pero que no impide que me siente a escribirte.

 

Me gustaría decirte, con respecto a la otra noche, que... “esto es sólo un juego para mí, una tésis”, pero... ya no sé si es cierto. A veces hay que ser valiente y actuar, a veces hay que ser valiente y hablar, a veces hay que ser valiente y... escribir, como estoy haciendo yo ahora, aunque llevemos mucho tiempo convenciéndonos de que no seremos capaces.

 

Para mí esa vida virtual en la que yo era Nada Blue y nadie me conocía, en la que podía empezar de nuevo, en la que podía construirme desde abajo, siguiendo esa imagen ideal que todos tenemos en mente, en la que podía encontrar (reales o no) pensamientos cercanos a los míos... comenzó como un juego y se convirtió en un sueño que, en cuanto podía, acercaba a mi realidad para olvidar las cosas que, ahora que puedo contemplarlas con perspectiva... no me satisfacían.

 

No sabes lo que me duele decir esto a la persona que ha supuesto para mí el descubrimiento de la complicidad de las miradas, del significado de un disimulado roce, del poder de un guiño o de la calidez de una sonrisa a medias. Precisamente, y tras decirte esto, dudarás de mi sinceridad y gritarás, querrás tirar el ordenador en el que estás leyendo estas palabras y te prometerás no volver a verme.

 

Sin embargo... y aunque sé que será muy difícil, te pido que llores, sí, que liberes tu rabia y me jures odio eterno, pero que después... te sientes, y con el cansancio y el dolor de cuerpo que nos dan estos momentos... cierres los ojos, me imagines y recuerdes todos y cada uno de los mágicos momentos que hemos compartido. Con esto no quiero ser cruel, sólo quiero que te plantees si sería mejor no habernos conocido para evitar este sufrimiento o si, por el contrario, tenemos que sentirnos afortunados por los encuentros, más o menos próximos, más o menos largos, más o menos intensos, que vamos experimentando en la vida...

 

Para mí tú has sido eso: uno de los encuentros más intensos y felices que he experimentado. Pero por sinceridad y por ese respeto que me  reclamas, lo que no puedo hacer es prolongarlo y que se convierta en un infierno, que desmerezca lo vivido y nos convierta en enemigos a la sombra... Eso nunca.

 

Sólo quiero que sepas que un muñeco no era ni será nunca mejor que una persona, que como bien dices el calor de unos labios o la calidez de un abrazo no podrán ser sustituidos por una imagen en pantalla... creo que digo esto para que veas que, en medio de esta locura que intuyo crees que te rodea... aún queda algo de cordura.

 

Sé que no va a ser ahora, ni mañana, quizá tampoco el mes que viene, porque aunque sea un tópico... es el tiempo, entre otras cosas, lo que cura las heridas, pero espero que... esas diferencias que nos resultaban atractivas y que un día nos unieron como pareja, aunque ahora nos separen, puedan volver  a alinearse para dar paso a una de esas amistades que unen a los que tan bien se conocen...

 

El último beso, aunque el más tierno, para ti.

 

Laura.

Jugando a ser... ¿otra?

Jugando a ser... ¿otra?

Me llamo Laura y tengo veinticinco años.

 

También me llamo Nada Blue.

 

Desde hace dos años vivo con Jorge, mi novio.

Somos tan... diferentes. Es cierto que quizá yo pienso demasiado, analizo cada nimiedad, pero él es... tan... físico, tan... llano, tan...

 

Yo eso siempre lo he sabido, aunque quizá al principio esa envolvente sensación que surge cuando te enamoras  hacía que no le diera importancia, que lo tolerara sin problemas, que incluso llegara a considerarlo... gracioso.

 

Ahora ya no. Ya no sonrío condescendiente cuando nuestras opuestas mentalidades se enfrentan. Ahora... me enfado, me frustro, me siento decepcionada, incomprendida, perdida, triste... tan triste como cuando prevés el final de algo...

 

Últimamente discutimos mucho, sobre todo desde que me he convertido en Nada. Para él eso es el problema. Para mí... es algo mucho más profundo.

 

Me siento juzgada desde un nivel que no comparto.

Me pregunto cuáles son los cristales a través de los que Jorge me mira, me encantaría saber cuál es la percepción exacta que tiene de mí. Yo... ya no sé la que tengo de él.

 

A veces me siento atrapada, asfixiada y tengo miedo de no saber salir de aquí, de perder las alas, de conformarme y estancarme por una especie de lealtad cultivada durante demasiado tiempo. Cuando me meto en la ducha, cierro los ojos y dejo que el agua resbale tibia sobre mi espalda... allí  me permito fantasear con otra vida, una nueva, sin pasado ni compromisos, donde experimentar decenas de cosas nuevas, conocer decenas de personas nuevas y... crecer.

 

Otras veces me digo que tengo que bajar de las nubes y disfrutar de lo terrenal, que de qué me sirve soñar tanto, que las mentes inquietas acaban siendo las más infelices, que soy tonta, que dónde voy a encontrar otro chico que me quiera como Jorge, que me río mucho con él, que me siento a gusto cuando cada noche nos vamos juntos a la cama...

 

Quizá sólo es una mala racha...

 

No sé qué pensar...

 

No sé qué sentir...

Toca para mí...

Y sé que si quieres... te sobran las alas...

Para qué andar descalza sin rumbo, para que izar las velas del mundo...

 

para qué rebajar la condena, para qué si te mata la pena...

 

para qué echar perfume a la vida, para qué si te escuece la herida...

 

 

Despegando...

Despegando...

Parece mentira... cinco meses... Fue en mayo cuando escribí el último artículo de un blog que había estado plenamente vivo desde que germinara hace ahora casi un año.

Ni siquiera colgué un “cerrado por vacaciones”, como alguna vez ha hecho una buena amiga en su espacio a compartir, y, por si fuera poco, dejé en portada un artículo “de caras” que a alguno le  ha llegado a producir pesadillas... :)

Me fuí... quizá como empecé... de repente, pero no porque no tuviera cosas que contar, porque este tiempo ha dado para mucho, sino porque quizá me faltaba el arranque para comenzar a plasmarlas en esas palabras que, cuando creas, para bien o para mal... ya no desaparecen.

Llevaba varias semanas con el “runrún” detrás de la oreja: abría el blog, veía las dichosas caras y... ¡como que hasta a mí se me quitaban las ganas! Pero de repente... aquí estoy. Tenía la idea de buscar un hueco una madrugada, con la casa silenciosa y la mente ágil, para retomar, pero... estaba leyendo un capítulo de “trastornos” y... ¡lo he tenido que dejar! Las ganas me han podido y no me dejaban concentrarme en otra cosa. 

Miro para atrás y me doy cuenta de que... he tenido muchísima suerte. Este último año ha estado repleto de novedades, de descubrimientos, de encuentros y... también de reencuentros, pocos desencuentros sin embargo.

A veces conoces a gente que te deja huella, que hace aparecer en ti cosas que... no estaban, o que estaban dormidas, que estaban esperando tal vez... y te das cuenta de lo afortunado que eres. Esas personas puede que se conviertan en compañeros y compañeras de viaje estupendos con los que seguir descubriendo, o puede que, igual que las encontraste, les digas adiós sabiendo que jamás volverás a coincidir, sintiendo una mezcla de tristeza, pero también de orgullo, por el tiempo compartido.

Hace... ¿un año y medio? me encontraba en una complicada encrucijada de caminos. Mi brújula dejó de funcionar, como estos aparatos suelen dejar de hacerlo cuando el momento lo requiere y... llegué a sentirme perdida. Pero... como todo pasa, tras un tiempo de presiones en el pecho, divagaciones, temores e ilusiones... ¡chas! Se hizo la luz.

Y dejé unas cosas, y empecé otras y viví muchas, pero lo más importante es que... las disfruté casi todas.

Al final... va a cumplirse mi propósito: está anocheciendo, el cielo se está tornando violáceo, un momento íntimo...

Ya estoy preparada: DESPEGANDO...

 

¿Las características faciales son indicativas de los rasgos de la personalidad?

¿Las características faciales son indicativas de los rasgos de la personalidad?

Este artículo nos presenta un estudio realizado por un equipo de biólogos de la Universidad de Liverpool en colaboración con las universidades de Durham y St. Andrews, dirigidos por el Dr. Tony Little,  que investiga el por qué de que, en muchas parejas, uno de los miembros tienda a parecerse al otro en ciertos aspectos.

 

Los resultados confirmaron la ancestral creencia popular de que las personas que viven mucho tiempo juntas acaban pareciéndose físicamente la una a la otra: los participantes en el estudio, 11 hombres y 11 mujeres, opinaron, a partir de fotografías, acerca de la edad, el atractivo y la personalidad que podían tener los miembros de 160 parejas de casados y señalaron más similitudes entre aquellas personas que más tiempo llevaban unidas.

 

Ya que el tema me ha llamado bastante la atención, he estado investigando y he encontrado diferentes artículos que aluden a ciertas ciencias que parecen tener la capacidad de predecir rasgos de la personalidad a través de características faciales, llamándome la atención conceptos como los siguientes:

 

-Morfopsicología:  ciencia clínica humana que estudia, de forma muy precisa, el carácter, el modo de conocer y comprender a las personas, sus actitudes y aptitudes por medio de la observación del rostro y los elementos que lo componen.

 

-Fisiognomía:  vieja orientación científica que analiza los rasgos faciales para vislumbrar aspectos de la personalidad.

 

-Frenología: estudio de la personalidad y el carácter a partir de la forma del cráneo.

 

Así, parece que no es nueva la hipótesis que establece relaciones entre rasgos faciales y rasgos de la personalidad.

 

 

De hecho, el concepto de personalidad proviene del griego “prosopón” , cuya traducción, “máscara”, alude a las máscaras que en el teatro griego se colocaban los actores para interpretar a los personajes de las tragedias. En cierto modo, esto puede responder a aquello que se percibe o la forma como se aparece ante otros”.

 

En latín, el término “personare” equivale a “resonar a través de...” (per sonare); es decir, que también alude a la forma en la que se es percibido por los otros, o en que cada uno se manifiesta ante los otros.

 

 

Desde mi punto de vista y aunque no podría afirmar  tajantemente que las características faciales son plenamente indicativas de los rasgos de la personalidad, sí que es cierto que, en el día a día, sobre todo en los momentos en los que conocemos a alguien, recurrimos a la primera información que de él recibimos, el aspecto físico, lo externo, para inferir, muchas veces de modo inconsciente, características de la personalidad del sujeto en cuestión.

Bien es cierto que esto nos puede llevar a error, pues a veces “las apariencias engañan” y lo precipitado no es lo más aconsejable. De hecho, es común que tengamos que ir reconstruyendo la imagen primigenia que nos hemos forjado de una persona mediante la interacción continuada con esta.

En este punto me gustaría matizar algo, partiendo de mi propia experiencia. No me convence del todo la afirmación de que los rasgos faciales, lo meramente físico, sea lo que determine la personalidad, pero sí es evidente que, la expresión facial (unida a la corporal) de una persona nos puede dar muchas pistas acerca de su forma de ser y, por tanto, de su personalidad.

Reconozcamos que la sonrisa, la mirada o los movimientos faciales pueden, por un lado, revelar mucho de la actitud de una persona hacia el mundo, permitiendo que la conozcamos  mejor y, por otro, estos factores pueden influir en la manera en que nos aproximemos a ella, dependiendo del esquema que le hayamos atribuido previamente.

 

Retomando los resultados del estudio del Dr. Tony Little acerca de las similitudes físicas de las parejas e intentando trasladarlo a mi vida cotidiana, sí que es cierto que conozco a parejas que se parecen tanto psicológica como físicamente, a lo que yo encuentro la siguiente explicación:

Todos sabemos que, a pesar del dicho de “los polos opuestos se atraen”, lo que en ocasiones es cierto, existe cierta tendencia en el ser humano a buscar relación con aquellas personas similares a él, siguiendo la ley del equilibrio.

En lo que al ámbito psicológico se refiere... ¿por qué? Quizá porque nos sentimos a gusto con aquellas personas con las que compartimos ideales, valores y actitudes hacia la vida, sintiéndonos comprendidos y arropados.

 

 

Por otro lado, creo que todas las personas, a la hora de buscar una pareja, tenemos en cuenta el aspecto físico. No afirmo que exista un canon de belleza general, por supuesto, pero sí creo que una parte importante de la primera atracción hacia alguien la tiene lo físico y lo que esto nos hace sentir.  Acudiendo a una explicación genética, en nuestros cerebros se disparan sustancia químicas que generan la atracción y el deseo de unirse.

Así, en cuanto al parecido existente entre las parejas me parece menos relevante la explicación de que la convivencia nos va haciendo similares que la consideración de que, cuando elegimos con quien nos emparejamos, ya solemos parecernos, de primeras, a nuestro futuro compañero o compañera.

Volviendo a lo biológico, la especie humana, como tantas otras,  tiende a intentar conservar y  perpetuar los propios genes, atrayéndonos por tanto aquellos individuos con los que tenemos puntos en común, aquellos genéticamente similares a nosotros. Así, tanto las similitudes de la personalidad como las de las características físicas pueden ser síntomas, en realidad, de un parecido de los genes.

 

Pero... ¿por qué entonces el estudio de la universidad de Liverpool mostraba un evidente mayor parecido físico entre aquellos miembros de parejas que llevaban más tiempo juntos?

Veo claro que, por mucho tiempo que pasemos con alguien, nuestras formas físicas no van a modificarse, pero sí que intuyo que, la convivencia continuada puede hacer que vayamos adoptando rasgos y características del otro, llegando a formarse un gran espacio de intercambio que supondrá un mayor solapamiento de algunas de las características de la pareja.

Y... ¿esto puede llegar a tener repercusión en los rasgos faciales...? quizá si en algunas de las formas de expresión, de los gestos...

No puedo poner un ejemplo en este campo concreto, pero mis experiencias personales me han demostrado el cómo he ido adoptando, inconscientemente, muchas cosas de personas con las que he convivido durante mucho tiempo: palabras, frases, gestos, formas de reaccionar...

 

 

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente dicho, sí que veo claro que, si aceptamos que los diferentes rostros (inclinándome yo más al tipo de expresión facial que al rasgo facial) pueden ser reflejo de la personalidad de los sujetos, nosotros nos veamos influidos por esto en la valoración que hacemos de las personas,  lo que puede tener repercusión en nuestro grado  de apertura a la hora de establecer relaciones con los demás. Así, es posible que tendamos a mantener actitudes amistosas con aquello que, física y, consecuentemente, (si tenemos en cuenta lo postulado) psicológicamente, sean más afines a nosotros.

 

 

Por supuesto, yo defendería esto de un modo general pues, como en todo, existen excepciones y aquella persona que, de primeras, por su expresión facial, nos ha podido parecer diferente a nosotros, puede resultar ser un compañero, amigo o pareja excepcional al profundizar en la  relación.

Todo ello, dando por descontado que, en muchas ocasiones, y según la persona, puede resultarnos atractivo precisamente aquello diferente, opuesto o complementario a lo que encontramos en nosotros, con lo que todo este razonamiento caería por su propio peso.

 

 

Por último, me gustaría hablar de aquellos aspectos condicionantes de nuestra expresión facial. Obviamente, lo genético es la clave de nuestro físico y nuestros rasgos, pero... ¿qué hay de las expresiones? ¿pueden estar éstas influidas por los avatares de nuestra vida?

Pues... quizá sí, ¿quién no ha oído hablar de esa “expresión sombría” que alguien tiene desde que le aconteció determinado hecho? Creo que ciertos hechos relevantes (“turning points”) pueden marcar la personalidad de las personas y, en consecuencia, repercutir en la actitud que estas tengan hacia la vida, cosa que puede hacerse palpable a través de la expresión facial.

Aún así, y porque creo que en el campo de las ciencias humanas, nada puede ser blanco ni negro, si no que nos movemos en una amplia gama de grises, existen personas que, por ejemplo, a pesar de los pesares, a pesar de circunstancias de gran gravedad en su vida, siguen transmitiendo, mediante su expresión facial, un mensaje que no corresponde con su background.

¿De qué informa el "Informe Pisa"?

¿De qué informa el "Informe Pisa"?

El Informe Pisa, un documento del que aquellos que tenemos relación con el ámbito educativo oímos hablar frecuentemente pero... del que intuyo no sabemos mucho.

 

Ya de primeras, y a través de la presentación utilizada como base de reflexión, he sabido qué representan sus siglas: Programme for International Student Assessment.

Definido de un modo conciso, el Informe Pisa sería un estudio internacional de evaluación educativa de los conocimientos y competencias del alumnado de 15  años, a través de la comprensión lectora, la cultura matemática y la cultura científica y que se realiza cada 3 años por los países de la OCDE, comparando los resultados de los diferentes sistemas educativos, con la primigenia finalidad de mejorarlos y  proporcionar una base desde la cual articular su seguimiento y evaluación.

 

 

El programa, instaurado en el año 2000, tiene un duración de 15 años, evaluándose cada 9 años el progreso total del alumnado en las diferentes áreas (primera evaluación: lectura; segunda evaluación: matemáticas; tercera evaluación: ciencias).

 

Lo que debemos tener claro es que el Informe Pisa no evalúa ni al sistema educativo, ni a todo el alumnado, ni el currículum escolar, ni todas las competencias clave, ni el funcionamiento de los centros. También claro es que no usa un abanico de instrumentos variados, pues la única forma de recogida de datos es la realización de unas actividades escritas incluidas en un cuadernillo para cuya cumplimentación el alumnado cuenta con un espacio de dos horas y media.

 

“Pisa examina hasta qué punto los estudiantes están preparados para afrontar los retos del futuro, más que el dominio de un currículum determinado”. De hecho, no existe homogeneidad entre los currículums europeos.

 

Es aquí donde entra en escena el concepto de “competencia”, relacionado con la maestría para realizar determinadas tareas para enfrentarse a la vida cotidiana, incluyéndose la capacidad de entendimiento y la puesta en marcha de procesos de complejidad creciente. Parece ser que PISA pretende ir más allá de lo conceptual, dando mayor importancia a lo procedimental.

 

En mi opinión, esto supone un avance en la evaluación de los aprendizajes en el sentido en que, lo que parece primar no son los conceptos inamovibles cuya adquisición implica, en la mayoría de los casos una memorización que, con el paso del tiempo, no nos servirá de mucho, sino los procedimientos, las habilidades, la soltura del alumnado en realizar determinadas tareas, que... al fin y al cabo, es lo que se encontrará en su vida futura.

O... ¿una vez que acceda al mercado laboral se va a esperar de él una retahíla de definiciones y teorías grabadas a fuego? Creo que no;  se esperará más bien que sea capaz de poner en práctica sus conocimientos. Obviamente, y en eso para mí no hay duda, estas puestas en práctica por medio de procedimientos exigirán tener un conocimiento de fondo, al que creo que no deberíamos renunciar por nada del mundo.

Precisamente el otro día debatíamos en una clase sobre el tema. Existe el peligro de pasar de un sistema educativo de plena transmisión del conocimiento en el que el alumno era una parte más del mobiliario, a un sistema educativo que, iluminado por las nuevas concepciones activas, procedimentales y fundamentalmente prácticas, olvide que todo tiene, en mayor o menor grado, una fundamentación teórica a partir de la cual y, una vez conocida, desarrollar un pensamiento crítico y estar en disposición de desarrollar habilidades.

 

Este en principio positivo énfasis en las competencias del Informe PISA nos lleva, sin embargo, a una gran contradicción que, en el sistema educativo de nuestro país, se hace muy evidente.

Si, a pesar de los notables cambios producidos en las últimas décadas, seguimos educando a los niños y niñas desde una perspectiva algo tradicional en la que los ejercicios que se hacen en el aula se basan en respuestas fijas y previamente definidas... ¿cómo podrán afrontar tareas en las que se les pida algo completamente diferente a lo que están acostumbrados a hacer como es el desempeño de unos procedimientos caracterizados por el razonamiento y el pensamiento divergente?

 

En fin... parece que el Informe PISA nos ofrece una foto fija de la situación educativa de cada país y es con lo que nos quedamos aunque, en principio, su meta fuera más bien diagnóstica y de mejora y no la de establecer un ranking comparativo.

Aún así, no hay que olvidar que la OCDE, la organización que lo promueve, tiene fines económicos, midiendo precisamente el futuro nivel económico de los diferentes países, por lo que deberíamos preguntarnos hasta qué punto se siguen criterios pedagógicos a la hora de crear y gestionar esta prueba.

 

Un punto positivo de PISA es el hecho de que, de alguna manera, sitúa el funcionamiento de la educación entre los principales debates de la sociedad. Sin embargo... ¿la evaluación de la educación puede basarse meramente en los logros académicos? ¿no deberíamos tener en cuenta el contexto dónde se dan esos resultados?

 

Una vez aquí, es necesario remarcar que los resultados educativos que nos proporciona PISA tienen una relación directa con diferentes factores.

 

A grandes rasgos, unos mejores resultados académicos suelen estar relacionados con: mayor estatus social, económico y cultural, mayor autonomía y gestión del centro, mayor motivación y valoración del alumnado, mayor PIB per cápita o mayor inversión en educación.

Otros factores que pueden influir son: los recursos, la formación y situación profesional de los docentes o la responsabilidad del centro.

 

En nuestro caso, el Informe PISA de 2006 sitúa a España en una posición “intermedia” en el continuo de países: estamos situados en el puesto 31º.

Teniendo  en cuenta que somos las 8ª potencia mundial... ¿no podemos llegar a la conclusión de que algo “falla”...?

 Según los expertos, los cuestionables resultados de España son completamente congruentes y predecibles: nuestro nivel educativo se corresponde con la situación social, económica y cultural de nuestro país.

 

Así que... ¿qué podemos hacer?

Como bien señalan algunos autores, en educación no hay fórmulas mágicas, por lo que sería absurdo intentar “copiar” aquello que hacen otros países con mejores resultados, sobre todo porque  hay que tener en cuenta la idiosincrasia de cada lugar, esas características contextuales que tan diferentes son de un lugar a otro y que, inevitablemente, influyen en la sociedad en general y en el sistema educativo en particular.

 

 

Aún así, sí que podemos analizar el tipo de política educativa que tienen otros países, comprobar las diferencias con respecto a la seguida en nuestro país e indagar acerca de las posibles relaciones entre estas diferentes prácticas, siendo capaces de modificar nuestra manera de hacer, si lo consideramos adecuado, para poder mejorar.

 

Siempre se habla de países con buenísimos resultados en educación como Finlandia. De hecho, su objetivo es el de situar a la educación como el motor del progreso del país, ¿no sería eso esencial?

Tomando a Finlandia a modo de ejemplo, nunca de modelo inamovible, veremos algunos de sus rasgos más llamativos:

-Invierte mucho en educación.

-La formación de sus docentes es muy sólida.

-La profesión de maestro esta socialmente muy valorada.

-La ratio de alumnos por clase es baja.

 

A partir de estos rasgos y sobre todo el principal, que es la grandísima importancia que en ese país se da a la educación, podríamos sentarnos y... reflexionar.

 

Aún así y, según creo, hay  que tener muchísimo cuidado a la hora de dar un valor excesivo al Informe PISA, sobre todo en lo que a la comparación con otros países se refiere porque, como se ha señalado anteriormente, las comparaciones son imposibles desde el momento en que los países son distintos.

Recopilando aspectos anteriormente mencionados podrían destacarse las siguientes limitaciones:

-         No evalúa al sistema educativo.

-         No evalúa a todo el alumnado.

-         No se evalúa el currículum escolar.

-         No se evalúa el funcionamiento de los centros.

-         No se evalúan aspectos como la convivencia en paz, la multiculturalidad o la diversidad.

 

De todos modos, es curioso percibir las diferentes actitudes que, ante el Informe Pisa, se adoptan. El cuatrimestre pasado, en la asignatura de “Diseño, Desarrollo e Innovación del Currículum” leímos un artículo sobre dicho informe en el que, el autor, intentaba ofrecer argumentos sólidos que mostraran cómo, en realidad, España no había obtenido resultados tan “negativos” en PISA.

Yo aquí me pregunto: ¿tanto valor debemos darle? ¿tanto debería dañar la “autoestima” educativa de un país?

Por un lado pienso: mira, sea mediante el instrumento que sea, es positivo que España perciba que debe mejorar su sistema educativo.

Por otro, me doy cuenta de que esta herramienta no es la más adecuada si lo que queremos es obtener resultados veraces y que, en principio, no obtenemos beneficios claros elaborando un ranking de países.

 

¿No deberíamos mejorar por propia convicción al percibir que aún queda mucho por hacer en lo que a educación se refiere?

 

Para terminar, me gustaría señalar lo que Andreas Schleicher, responsable de este controvertido Informe PISA, sería aconsejable en el ámbito educativo y que, aunque no es dogma de fe sí que podría suponer un buen punto de partida para la reflexión.

 

-         Determinación de unos objetivos claros

En cualquier ámbito de la vida es útil saber qué queremos para, así, poder invertir nuestros esfuerzos en conseguirlo. Las metas claras, frente a las difusas, ofrecen una seguridad en el proceso de enseñanza-aprendizaje que, a la larga, proporciona resultados más positivos.

-         Más responsabilidad por parte de los profesores

En muchos casos, los profesores no se dan completa cuenta de lo fundamental que es su papel en el desarrollo de los niños y las niñas así como en su educación, considerando esta no sólo como la transmisión de conocimientos, sino también como aquella formación que nos ayuda a ser personas, a ser ciudadanos.

-         Individualización de la educación

En cualquier clase que se precie nos encontramos con gran variedad de alumnado. Si no somos iguales, es evidente la ineficacia de tratarnos como si lo fuéramos. De ahí que sea esencial que el docente sea capaz de discernir las características y necesidades de cada alumno para así poder proporcionarle la atención más individualizada posible.

-         Potenciación de las capacidades

Todo alumno tendrá unas habilidades que potenciar. Para ello, primero hay que descubrirlas, requiriéndose atención e interés por parte del docente.

Si conseguimos hacer que los alumnos y alumnas se den cuenta de las habilidades que poseen, aumentará su autoestima y esto repercutirá positivamente en su forma de abordar el aprendizaje.

 

-         Las cuestiones de la educación no se resuelven sólo a través de las leyes

Es cierto que muchas veces afirmamos que los cambios en educación deberían venir de arriba y no quiero negar que, en ocasiones, la legislación es importante. Sin embargo, y teniendo en cuenta que no vivimos en una época de represión política, nos damos cuenta de que contamos con ciertas libertades en nuestro día a día en el aula que podemos utilizar para dar a nuestra educación un toque personal si de verdad así lo queremos.

-         Más formación de los profesores

Es un tema muy trillado pero no por ello pierde relevancia. ¿Por qué los maestros, cuya función social es de vital importancia, reciben una formación que, además de ser escasa en el tiempo es obsoleta, poco relacionada con la realidad, carente de contenidos fundamentales y alejada de la práctica?

-         Más funcionalidad del conocimiento

“¿Para qué me sirve esto?”, es algo que muchos niños y niñas se preguntan en la escuela. Lo que  se aprende, o más bien lo que se enseña, suele ser teórico y alejado de la realidad, lo cual desmotiva sobremanera al alumnado.

 

A todo esto y, a modo de colofón, añadiría dos requisitos indispensables del éxito del sistema educativo: la motivación del alumnado y la consideración del alumno como persona.

 

Utilizando la concepción que, en una escuela innovadora sobre la que leí el cuatrimestre pasado se tenía, destacaría la importancia, en el núcleo de la escuela, que se debería dar a  cuidar el alma infantil.

De hecho...  los expertos  dicen que los niños además de ir a la escuela deben ir felices a ella.