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Afectos, emociones, atribuciones y expectativas en el ámbito escolar II

¿Cómo vemos esto en las aulas?

 

Es evidente que un alumno con una autoconcepto negativo y una mala autoestima no se verá capaz, en la mayoría de las ocasiones, de llegar a buen puerto en ninguna de las actividades que emprenda. Quizá se atribuya características negativas como falta de inteligencia, pereza o carencia de habilidades que, a pesar de no ser reales (recordemos el fuerte papel de la subjetividad en la construcción de las representaciones de uno mismo), harán que se suma en un estado de ánimo que no le permita ver las cosas bajo una lente diferente.

 

Por el contrario, un alumno con un autoconcepto y una autoestima positivos tendrá muchísimas más probabilidades de éxito escolar porque se verá realmente capaz de hacer las cosas o, al menos, de intentarlas, pues no tendrá tanto miedo al fracaso y podrá gestionar de una manera sana sus frustraciones.

 

Aunque es algo que evidentemente debería cuidarse también en las familias, pues es el ámbito donde todos comenzamos a ser personas y donde, idealmente, más se nos debería valorar, considero indispensable, por parte de la escuela, el trabajar la parte más emocional de nuestro alumnado, como complemento de lo que se transmita en la familia o cómo, en casos específicos, que los hay, como motor principal de esta tarea.

Es que... ¿cómo vamos a transmitirles conocimientos si no se valoran a sí mismos como personas capaces?  Creo que lo primero es transmitirles valores, así como trabajar para que consigan tener una imagen positiva de sí mismos, requisito indispensable para moverse en el mundo y, a partir de entonces, relacionarse con los demás o adquirir conocimientos y habilidades.

 

Para hacer esto es cierto que sería muy útil contar con una formación específica que muchos de nosotros no tenemos; sin embargo... no nos agarremos a las excusas, porque... el cariño, la atención y la empatía creo que son herramientas clave con las que todos, como seres humanos, contamos y que podrán  servir de  base para contactar con los niños y niñas, para intentar conocerles y percibir sus necesidades, para saber darnos cuenta de cómo se perciben, para ayudarles a que se valoren valorándolos nosotros mismos.

 

 

Bien, hasta ahora hemos hablado del papel que las representaciones que los alumnos y alumnas tienen de sí mismos pueden jugar en la manera en que se desarrollan sus aprendizajes.

 

Pero... ¿qué hay de las representaciones que los profesores y profesoras tienen del alumnado?

 

Inevitablemente, y en menor o mayor grado, nos afecta lo que los demás opinen de nosotros, la manera en que nos conciban, la representación que creen de nuestras capacidades, de nuestros motivos, de nuestras intenciones... De hecho, es clara la tendencia del ser humano a agradar a sus congéneres.

 

En el ámbito escolar, en el que los protagonistas son niños y niñas con una identidad todavía sin definir y, por tanto, mucho más influenciables que los adultos, es de vital relevancia la manera en que son tratados por parte del profesorado. Y ese trato, en muchas ocasiones, se deriva de las atribuciones que de ellos tienen los docentes, en muchos casos inconscientes, irracionales y con un fuerte componente emocional, así como de las consecuentes expectativas, positivas o negativas, que de ellas derivan.

 

¿Y cómo se va creando esa representación mental del profesor sobre el alumno que tanta repercusión posterior podrá tener?

La más clara es la observación del sujeto en cuestión, que nos proporcionará mucha información que deberíamos aprender a gestionar y ordenar, no dejándonos llevar por rápidas categorizaciones que nos lleven a la creación de etiquetas difíciles de eliminar.

También podemos crear la representación de nuestro alumnado mediante la información recibida, mediante charlas informales, con compañeros que ya hayan trabajado con nuestro grupo de clase. Si peligroso es lo que puede ocurrir en el caso arriba mencionado si nos dejamos llevar por las primeras impresiones, aún más peligroso es tomar al pie de la letra lo que alguien externo nos dice y adoptar como nuestras las representaciones mentales de otros.

 

Puede parecer exagerado este grado de alarma, pero no podemos obviar que, las primeras representaciones que tenemos del alumno, marcan los contactos iniciales entre docente y discente.

Bien es cierto que, con el tiempo y el trato continuado, esas representaciones pueden confirmarse, matizarse o refutarse pero... está demostrada la tendencia que tenemos a, una vez establecida una primera representación, ir preservándola.

 

 

Como ya se ha apuntado más arriba, estas representaciones que el profesorado crea sobre sus alumnos y alumnas suelen generar una serie de expectativas sobre ellos y ellas.

Las expectativas pueden influir en nuestra forma de actuar con los otros, ya que tendemos a actuar de acuerdo con lo que esperamos de los demás. Esto supone el riesgo de que se produzca, tal y como Miras señala, la profecía del autocumplimiento, que consiste en que las anticipaciones que una persona realiza sobre determinada persona, pueden provocar que esa persona modifique su conducta de tal que manera que aumente la probabilidad objetiva de que la anticipación se cumpla.

 

Para el alumnado en edad escolar en muchas ocasiones el profesor o la profesora es un punto de referencia de gran importancia, influyendo mucho en la conformación de muchos de los rasgos de su personalidad. Al fin y al cabo y, junto con la familia, es una de las personas con las que más tiempo diario pasa.

 

Teniendo en cuenta esto y conociendo el modo en el que las expectativas del profesorado puede repercutir en el aprendizaje del alumnado, al cambiar su manera de tratarle o al trasladarle, aunque a veces inconscientemente, las representaciones mentales que de él se tiene, pudiendo influir en su propio autoconcepto, apoyo lo que Mariana Mira defiende: habría que tratar de analizar el proceso mediante el cual se produce la formación de expectativas por parte del profesorado así como determinar las condiciones que llevan a que estas expectativas den lugar a una profecía autocumplida.

 

Pensemos además, que esta relación expectativa del profesor - tipo de aprendizaje del alumno podría darse en la vertiente positiva: ¿si un profesor tuviera una representación positiva del alumno así como unas buenas expectativas... no podría conducir esto al éxito escolar del alumno?

 

Es evidente que, para ello, se requeriría que el profesorado se replanteara su manera de hacer las cosas y desterrara antiguas concepciones para adoptar una actitud positiva ante cualquier tipo de alumno, desatendiendo aquellos prejuicios que le lleguen e intentando ser, por una parte, objetivo en su trato y, por otro, pleno defensor de que... en absolutamente todos y cada uno de los niños y niñas hay algo bueno esperando a ser encontrado y potenciado.

 

 

Sabiendo entonces lo que ya sabemos acerca de la importancia de cuidar el autoconcepto y el autoestima del alumnado, así como controlar el proceso de atribución del profesorado hacia sus alumnos y la influencia de sus expectativas en el aprendizaje, ¿cómo podría definirse el clima del aula ideal? ¿qué rasgos del docente podrían mejorarlo?

 

Partiendo del texto base, algunas dimensiones del profesor que los alumnos señalan como fuente de ayuda en la creación de un buen clima, serían:

-         Estilo de interacción democrático.

-         Existencia de expectativas basadas en las características individuales del alumno como persona y como aprendiz.

-         Interés y preocupación por la enseñanza.

-         Uso de feedbacks constructivos.

 

A esto yo añadiría, por considerar que incluye  muchísimos más aspectos, el hecho de que cualquier docente debería tener cualidades  y valores humanos a través de los cuales interactuar con su alumnado no sólo cognitivamente, sino también afectivamente.

 

 

 

 

Afectos, emociones, atribuciones y expectativas en el ámbito escolar

Afectos, emociones, atribuciones y expectativas en el ámbito escolar

Como bien señala Marina Miras, hasta hace bien poco la única dimensión que se tenía en cuenta a la hora de analizar los procesos de enseñanza-aprendizaje era la plenamente cognitiva.

Afortunadamente, en los últimos años se le está comenzando a dar la importancia que bien se merece a otra dimensión presente en todos y cada uno de los actos humanos: la dimensión emocional y afectiva.

Esta dimensión juega un papel fundamental en los procesos mentales involucrados en el aprendizaje. ¿Por qué? Siempre hablamos de la conveniencia del aprendizaje significativo, definido éste como aquel aprendizaje que tiene sentido para nosotros, que engancha con nuestros intereses, necesidades u opiniones, que conecta con lo cotidiano, y... ¿cómo conseguir esto sin recurrir a nuestra faceta más emotiva? Precisamente la autora señala cómo "atribuimos un sentido personal a aquello que aprendemos" y esto sólo se consigue indagando sobre la importancia que algo tiene para nosotros, la utilidad de aprenderlo siendo en dicho proceso protagonista nuestro yo emocional.

En la dimensión afectiva y más personal del aprendizaje, tenemos que tener muy en cuenta todas aquellas representaciones que las personas construimos tanto de nosotros mismos como de los demás pues estas, inevitablemente, condicionarán nuestras relaciones futuras: nuestras expectativas, nuestra actitud, nuestra forma de afrontar la relación, la manera de resolver los posibles conflictos... y la forma en que estas relaciones tengan lugar tendrán mucha relevancia en el clima de aprendizaje que se vaya creando.

A la hora de crear esas representaciones de nosotros mismos no debemos olvidar que, al estar implicados en esa percepción, ésta no dejará de ser eso: una percepción, rodeada de las inherentes subjetividad y parcialidad.

El autoconcepto y el autoestima, tanto de los docentes como de los alumnos, actuarán de elementos mediadores en las relaciones, por lo que no hay que dejarlos en el olvido.

Por un lado, el autoconcepto es la representación o autoatribuciones que tenemos de nosotros mismos, englobando distintos aspectos de la persona: percepción de nuestra competencia, imagen física o grado de aceptación social. En el ámbito que nos ocupa, el autoconcepto académico sería la representación que el alumno tiene de sí mismo como aprendiz.

Por otro lado, el autoestima sería la evaluación afectiva que hacemos de nuestro autoconcepto en sus diferentes componentes.

Así, los diferentes componentes del autoconcepto jugarán un papel muy importante en la autoestima de las personas.

El sistema del yo es completamente dinámico, conformándose y modificándose a lo largo de la vida del individuo, influyendo en este proceso factores tales y como la historia de éxitos y fracasos, las relaciones interpersonales o el nivel de aceptación de uno mismo.

Es evidente que un alumno con una autoconcepto negativo y una mala autoestima no se verá capaz, en la mayoría de las ocasiones, de llegar a buen puerto en ninguna de las actividades que emprenda. Quizá se atribuya características negativas como falta de inteligencia, pereza o carencia de habilidades que, a pesar de no ser reales (recordemos el fuerte papel de la subjetividad en la construcción de las representaciones de uno mismo), harán que se suma en un estado de ánimo que no le permita ver las cosas bajo una lente diferente.

Para hacer esto es cierto que sería muy útil contar con una formación específica que muchos de nosotros no tenemos; sin embargo... no nos agarremos a las excusas, porque... el cariño, la atención y la empatía creo que son herramientas clave con las que todos, como seres humanos, contamos y que podrán servir de base para contactar con los niños y niñas, para intentar conocerles y percibir sus necesidades, para saber darnos cuenta de cómo se perciben, para ayudarles a que se valoren valorándolos nosotros mismos.

Bien, hasta ahora hemos hablado del papel que las representaciones que los alumnos y alumnas tienen de sí mismos pueden jugar en la manera en que se desarrollan sus aprendizajes.

Pero... ¿qué hay de las representaciones que los profesores y profesoras tienen del alumnado?

Inevitablemente, y en menor o mayor grado, nos afecta lo que los demás opinen de nosotros, la manera en que nos conciban, la representación que creen de nuestras capacidades, de nuestros motivos, de nuestras intenciones... De hecho, es clara la tendencia del ser humano a agradar a sus congéneres.

La más clara es la observación del sujeto en cuestión, que nos proporcionará mucha información que deberíamos aprender a gestionar y ordenar, no dejándonos llevar por rápidas categorizaciones que nos lleven a la creación de etiquetas difíciles de eliminar.Como ya se ha apuntado más arriba, estas representaciones que el profesorado crea sobre sus alumnos y alumnas suelen generar una serie de expectativas sobre ellos y ellas.

Teniendo en cuenta esto y conociendo el modo en el que las expectativas del profesorado puede repercutir en el aprendizaje del alumnado, al cambiar su manera de tratarle o al trasladarle, aunque a veces inconscientemente, las representaciones mentales que de él se tiene, pudiendo influir en su propio autoconcepto, apoyo lo que Mariana Mira defiende: habría que tratar de analizar el proceso mediante el cual se produce la formación de expectativas por parte del profesorado así como determinar las condiciones que llevan a que estas expectativas den lugar a una profecía autocumplida.

Pensemos además, que esta relación expectativa del profesor - tipo de aprendizaje del alumno podría darse en la vertiente positiva: si un profesor tuviera una representación positiva del alumno así como unas buenas expectativas... ¿no podría conducir esto al éxito escolar del alumno?

Es evidente que, para ello, se requeriría que el profesorado se replanteara su manera de hacer las cosas y desterrara antiguas concepciones para adoptar una actitud positiva ante cualquier tipo de alumno, desatendiendo aquellos prejuicios que le lleguen e intentando ser, por una parte, objetivo en su trato y, por otro, pleno defensor de que... en absolutamente todos y cada uno de los niños y niñas hay algo bueno esperando a ser encontrado y potenciado. 

Sabiendo entonces lo que ya sabemos acerca de la importancia de cuidar el autoconcepto y el autoestima del alumnado, así como controlar el proceso de atribución del profesorado hacia sus alumnos y la influencia de sus expectativas en el aprendizaje, ¿cómo podría definirse el clima del aula ideal? ¿qué rasgos del docente podrían mejorarlo?

También podemos crear la representación de nuestro alumnado mediante la información recibida, mediante charlas informales, con compañeros que ya hayan trabajado con nuestro grupo de clase. Si peligroso es lo que puede ocurrir en el caso arriba mencionado si nos dejamos llevar por las primeras impresiones, aún más peligroso es tomar al pie de la letra lo que alguien externo nos dice y adoptar como nuestras las representaciones mentales de otros.

Puede parecer exagerado este grado de alarma, pero no podemos obviar que, las primeras representaciones que tenemos del alumno, marcan los contactos iniciales entre docente y discente.

Bien es cierto que, con el tiempo y el trato continuado, esas representaciones pueden confirmarse, matizarse o refutarse pero... está demostrada la tendencia que tenemos a, una vez establecida una primera representación, ir preservándola. Las expectativas pueden influir en nuestra forma de actuar con los otrosPara el alumnado en edad escolar en muchas ocasiones el profesor o la profesora es un punto de referencia de gran importancia, influyendo mucho en la conformación de muchos de los rasgos de su personalidad. Al fin y al cabo y, junto con la familia, es una de las personas con las que más tiempo diario pasa., ya que tendemos a actuar de acuerdo con lo que esperamos de los demás. Esto supone el riesgo de que se produzca, tal y como Miras señala, la profecía del autocumplimiento, que consiste en que las anticipaciones que una persona realiza sobre determinada persona, pueden provocar que esa persona modifique su conducta de tal que manera que aumente la probabilidad objetiva de que la anticipación se cumpla.

En el ámbito escolar, en el que los protagonistas son niños y niñas con una identidad todavía sin definir y, por tanto, mucho más influenciables que los adultos, es de vital relevancia la manera en que son tratados por parte del profesorado. Y ese trato, en muchas ocasiones, se deriva de las atribuciones que de ellos tienen los docentes, en muchos casos inconscientes, irracionales y con un fuerte componente emocional, así como de las consecuentes expectativas, positivas o negativas, que de ellas derivan.

¿Y cómo se va creando esa representación mental del profesor sobre el alumno que tanta repercusión posterior podrá tener?

Por el contrario, un alumno con un autoconcepto y una autoestima positivos tendrá muchísimas más probabilidades de éxito escolar porque se verá realmente capaz de hacer las cosas o, al menos, de intentarlas, pues no tendrá tanto miedo al fracaso y podrá gestionar de una manera sana sus frustraciones.

Aunque es algo que evidentemente debería cuidarse también en las familias, pues es el ámbito donde todos comenzamos a ser personas y donde, idealmente, más se nos debería valorar, considero indispensable, por parte de la escuela, el trabajar la parte más emocional de nuestro alumnado, como complemento de lo que se transmita en la familia o cómo, en casos específicos, que los hay, como motor principal de esta tarea.

Es que... ¿cómo vamos a transmitirles conocimientos si no se valoran a sí mismos como personas capaces? Creo que lo primero es transmitirles valores, así como trabajar para que consigan tener una imagen positiva de sí mismos, requisito indispensable para moverse en el mundo y, a partir de entonces, relacionarse con los demás o adquirir conocimientos y habilidades.

Parece entonces que en nuestro yo, de índole fundamentalmente emocional, influyen diferentes factores y es evidente que un yo saludable es el que se necesitaría para poder afrontar con éxito todas las tareas de la vida, entre ellas las propias del ámbito escolar.

En primer lugar, necesitaríamos un autoconcepto positivo: si nos autoatribuimos características positivas o, al menos neutrales, tendremos muchas más probabilidades de desarrollar una valoración de ese esquema propio, es decir, una autoestima, mucho más positiva, lo que nos ayudará a afrontar con seguridad cualquier aspecto de nuestra vida.

Si, por el contrario, nuestro autoconcepto y nuestra consecuente autoestima están por los suelos, ni que decir tiene que las dificultades para realizar con éxito cualquier tarea o para desenvolvernos en la vida serán muchísimas.

 

Primavera, primavera...

Primavera, primavera...

Siguiendo la estela de cierta persona afectada por los efluvios primaverales... :P me animo a escribir.

Esta primavera intermitente, de sol del que dora la piel y lluvia de la de observar tras cristales, me remite de nuevo al carácter de transitorio que esta estación, junto con el otoño, explícita o implícitamente, puede salpicar a nuestras vidas.

 

Ha habido de todo: deliciosas novedades, giros, reencuentros, y encuentros producidos como nunca antes se pudieron concebir (de esos que hacen ver al otro a través de una lente nunca antes usada), quizá incluso algún desencuentro interno... al fin y al cabo, la primavera nos altera y puede hacernos tocar el cielo o “tocar el piso con la barbilla”.

 

Y mientras tanto... muchos temas pululando y por dentro... rumiando (pero qué maaalo qué es rumiar!!): vaya tema el de la “Identidad y el sí mismo”, creo que podría estar una vida entera reflexionando sin llegar a ninguna parte (aunque quizá el camino, de nuevo, es lo que cuenta, más si te hace disfrutar).

 

Y entre encuentros y desencuentros, y entre sol y lluvia, y entre sonrisas y reflexiones... “a veces de un hilo, a veces de un ciento”...

Carta urgente

Hay cosas que te escribo en cartas
para no decirlas
Hay cosas que escribo en canciones 
para repetirlas
Hay cosas que están en mi alma
y quedaran contigo cuando me haya ido...
En todas acabo diciendo cuanto te he querido...
 
Hay cosas que escribo en la cama
Hay cosas que escribo en el aire 
Hay cosas que siento tan mías... que no son de nadie
Hay cosas que escribo contigo
Hay cosas que sin ti no valen
Hay cosas y cosas...
Que acaban llegando tan tarde..
 
Hay cosas que se lleva el tiempo
sabe dios a donde
Hay cosas que siguen ancladas 
cuando el tiempo corre
Hay cosas que están en mi alma
y quedaran conmigo cuando me haya ido...
y en todas acabo sabiendo cuanto me has querido...
 
Hay cosas que escribo en la cama...
hay cosas que escribo en el aire
hay cosas que siento tan mías.... Que no son de nadie
Hay cosas que escribo contigo
Y hay cosas que sin ti no valen
Hay cosas y cosas que acaban llegando tan tarde
Hay cartas urgentes que llegan cuando ya no hay nadie...
 
Rosana Arbelo ("Magia")

Definitivamente... en la era digital

We are currently preparing students for jobs that don´t yet exist...

using technologies that haven´t been invented...

in order to solve problems we don´t even know are problems yet.

Este video, cortesía de Juan, nos muestra, perfectamente y de un flashazo la dinamicidad y continuo cambio que el conocimiento, y nuestras vidas, tienen en la era actual.

Paloma, Alejandro, esto nos habla de la "era digital"...

Soñando despierta...

Fueron siete días estupendos, que llegaron en el momento perfecto y que compartí con alguien muy especial.

Tras unas semanas de estudio y trabajo, y recién finalizados los cinco folios plagaditos de historia, me dispuse a hacer una maleta llena de ilusión y prisas.

Era un viaje bien planeado de antemano, tanto que... su silueta se había diluido en esa tiniebla que nos sobrevuela. Ese cúmulo de pensamientos que siempre se me amontonan, y que durante la temporada previa habían sido ordenados estratégicamente para no descuidar nada, me habían mantenido bien ocupada. Pero... el merecido premio esperaba.

Me subí al avión contenta y algo que para algunos habría resultado tedioso, el viaje de casi doce horas hasta Malvern, mágico lugar de la geografía británica, me pareció de lo más estimulante.

No se que me pasa con eso de "ir al extranjero" y, sobre todo, de verme sola e independiente (que no vulnerable) lejos de casa que... me vuelve loca. Fantaseo con los centenares de cosas que podrían acontecer y con los miles de lugares y personas que podría conocer. En mi casa... andan algo preocupados, porque disfrazado entre las muchas cosas que hablamos al día, siempre voy dejando caer el secreto vaticinio de que yo... viviré lejos.

Me encanta sentirme anónima entre mucha gente, como me pasó durante las dos horas que, en Paddington, estuve esperando mi tren. Mientras  estuve sentada en una dura silla de la estación, no exagero si digo que miles de vidas me pasaron por delante. Historias diferentes, cuyos protagonistas parecían haber venido de los más dispares lugares del mundo para encontrarse y compartir un pedazo de su vida.

El paisaje del trayecto... verde verde, brillante bajo un inesperado sol, y la llegada a esa estación que, aunque a Helena, por rutina, ya le parecía tan común, pero a mí me pareció llena de encanto, estupenda.

Estar at Libby´s fue, para mí, un acontecimiento más del viaje. No puedo explicar con palabras todo lo que esa casa escondía, un museo que contenía desde las cosas más maravillosas hasta las más... “horteras” (creo que mostraba lo rico y heterogéneo de su dueña), pero para eso... me quedé con las fotos.

Un paseo al anochecer por el pueblo, un chocolate caliente para crear un ambiente de esperadísimas conversaciones plagadas de sueños irealizables y "ridículas" confesiones... Me sentía bien, lo necesitaba.

Visitas a Worcester ( en su pronunciación, obviously, no se incluye ni uno de los caracteres de los que la palabra contiene), Ledbury, Hereford... Un día en Cardiff, lo que me hizo, repentinamente :p, entrar en un nuevo país, una maravillosa jornada visitando Warwick Castle, donde nos trasladamos a una lejana época (complicadillo en nosotras lo de fantasear) pero con la fortuna de tener una cámara con la que reflejar cada instante, una tarde en una Birmingham llena de canales (sorpresa!) y por último... Londres, donde el tiempo nos cundió mucho para unas cosas pero... no tanto para otras... ejem... jajaja.

Con los detalles de esos días... sólo me quedo yo, pero decir que... fue genial el reencuentro con esa amiga “con la que hablar durante horas”, y más aún en el contexto en el que nos encontramos.

Y fue genial también... eso, estar fuera. Desconectar. Sentirte tan lejos de todo y con tantas ganas de todo, pero a la vez... sabiendo de donde vienes.

Siendo consciente de la inmensidad de todo, de nuestra relatividad, de las posibilidades... Fue allí también donde muchísimos temas “trascendentales” y serios planteamientos pasaron por mi cabeza, momentos buenos para haber tenido un cuadernito de notas...

Aún así, iré desgranando...

Genio...

Genio...


Él se da cuenta
Y asustado se lamenta
Los genios no deben morir


Bigote rocococo
De dónde acaba el genio
A dónde empieza el loco


Mirada deslumbrada
De dónde acaba el genio
A dónde empieza el hada

 
En tu cabeza se comprime la belleza
Como si fuese una olla exprés

Y es el vapor que va saliendo por la pesa
Mágica luz en Cadaqués

La botella gira y el ritmo cambia

La botella gira y el ritmo cambia

En términos generales, a la gente le gusta la estabilidad. Parece que con las cosas bien claritas y conocidas nos sentimos seguros.

Los cambios... ¿asustan?

A algunos mucho, a otros no tanto. Pero lo que si es cierto es que nos exigen una tensión mental (que a veces se traduce en física) que nos saca de la rutina, de la calma, del día a día ...

Es curioso, por otra parte, cómo podemos afrontar grandes acontecimientos con más calma de la que hubiéramos previsto y como sin embargo, otros insignificantes, nimios, despreciables... nos hacen dar un vuelco. Esa pequeñísima preocupación que se te instala en la cabeza y te mantiene absorta, puede llegar a hacer que te des cuenta de "cuán bien" te movías en tu fluída realidad.