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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Habilidades sociales.

Bien tocada

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Hoy no he salido a gusto de la sesión de Habilidades Sociales. He estado dando muchas vueltas acerca de cómo describir mi estado,  pero finalmente me ha salido esto; no quiero profundizar más  porque supondría entrar al trapo en un tema complicado: lo que yo percibo como satisfactorio – insatisfactorio, lo que me motiva y me hace sentir bien o mal, lo que sé gestionar y lo que no sé gestionar, o mejo dicho, lo que me resulta incómodo gestionar...

Es por eso que me refiero a emociones, completamente irracionales, para no tener que dar una explicación lógica y plausible de ellas, para frenar, antes de que lleguen (si es que lo hacen) cualquier tipo de cuestionamientos externos.

En primer lugar... he llegado tarde, así que... ese factor, unido a mi malestar físico general, ha hecho que me mantuviera, por completo,  como observadora de lo que allí ocurría. Si observo... ¿estoy participando  o no estoy participando? Quizá es un tema algo manido, pero... aún observando, sin emitir palabra... ¿no estoy participando? ¿no estoy influyendo en el resto? ¿no pueden estar los silencios cargados de significado? ¿o la mirada? ¿o la posición corporal? ¿o los gestos escondidos...? Mi presencia allí, aparentemente al margen, ¿ha cambiado algo? ¿ha movido algún resorte? ¿ha dado confianza a algunos y restado confianza a otros...?  Los que estábamos allí, sentados en posición de óvalo, y no hablábamos... ¿qué rol estábamos jugando? &i

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Empapada y exhausta pero... satisfecha

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Está muy fría, pero no lo hago notar verbalmente. Minutos antes de meter el primer pie en el agua recordaba un fragmento de “La casa de los espíritus”, una de mis novelas favoritas. Quizá es la cultura hispanoamericana... su autora, como gusta de hacer García Márquez, usa un realismo mágico envolvente para narrar y conectar historias engarzadas entre los lazos de extensas y curiosas familias. A una de esas familias pertenecía Clara Valle, una mente clarividente que se movía más a gusto entre los espíritus que entre los de carne y hueso. Clara creía, o Clara había leído, ya no recuerdo bien, que las sensaciones desagradables, en concreto el dolor, podían controlarse si nuestra mente era lo suficientemente fuerte...

¿No es una especie de dolor lo que sentimos cuando nuestro cuerpo entra en contacto con una sustancia que se encuentra a una temperatura “que hace diferencia”? Meto un pie, meto otro, pero... intento controlarme: no sólo freno la reacción externa, sino que también intento calibrar al instante mi sensación interna para transformarla, cuanto antes, en una buscada indiferencia; quiero experimentar.

A mi lado, más gente.

Delante mía, a mi derecha realmente, está Alex, una de las chicas que forma el grupo al que, junto mi querida exploradora, parece que pertenezco desde hace un rato. Qué curioso, en los primeros minutos, creí que la acababa de conocer... Mediaron ciertas fórmulas de cortes

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¿A qué huelen los juicios?

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No, señores, esto no es un anuncio (por mucho que pueda recordarnos a uno que para mí era una graciosa acumulación de eufemismos), sino la pregunta que me ha surgido cuando, movida por una avidez nacida de la paradoja “querer mucho y apretar poco”, ojeaba y hojeaba esa tarde un texto recién adquirido. De repente, algo me llama la atención, “Mezcla de colores y palabras”, y ceso el trepidante ritmo que mis dedos, al son de mis ansias, se encargaban de interpretar. Empiezo a leer y descubro lo que es la “sinestesia”:  un “estado” que produce que las personas que lo “experimentan” mezclen sensaciones diferentes. Dos ejemplos: una persona puede oler a fresas al tocar ropa de algodón, otra puede notar un sabor amargo al oír un timbre.

Yo, que desde una animada conversación en clase con una compañera no habitual (quizá por ello también más grata), le estaba dando vueltas al tema de los juicios... me he parado en seco. Si yo disfrutara (¿por qué decir “padeciera”?) de sinestesia... ¿a qué olor asociaría la palabra “juicio”? ¿qué sensaciones inundarían mi paladar...?

Reconociendo que basándome en un juicio,  asocio el término “juicio” con algo que produce respeto, cierta desconfianza, que me hace estar alerta... La letra por la que empieza es cortante y, junto con las que la siguen, conforma una palabra no muy larga pero que llena la boca del que la pronuncia. Definitivamente...  creo que un juicio, para mí,  tendría un sabor fuerte, intenso, con cierto regusto

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“El día de la foto”, Milton Erickson y el método científico

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Mucetas (¿o eran mufetas...?), togas, becas y birretes (españoles o americanos, según el gusto) se extienden por doquier. Un par se está colocando una corbata ya anudada en torno a la camisa (blanca para la ocasión), otra se coloca una toga de finísima tela que a mí me recuerda más a los estudiantes de Hogwarts que a los universitarios de hoy en día, otra se sienta en la silla, frente a la cámara... Algunos rezagados intentan hacerse comprender por la organizadora: taitantos, monísima y de peluquería pero con poco tacto en esto del trato al público.

Algún grupito comenta de lejos la jugada, mientras que nuestro equipo audiovisual, cámara en mano, inmortaliza tan curioso momento, recibiendo las sonrisas de unos y las muecas de otros, más preocupados por adecentarse ante el objetivo de otra cámara, la que captará un rostro que perdurará “por los siglos de los siglos”.

En los primeros minutos de una larga tarde de estudio contamos con la visita de un foráneo que no lo es tanto y que, tras su correspondiente foto, se queda por la sala con expresión divertida. Y es que “el día de la foto”... puede dar para mucho.

 

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Colocándonos, posicionándonos

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En el sentido más estricto de la palabra, cuando uno “se coloca”, se posiciona físicamente de la manera más acorde a la acción que va a desempeñar o al lugar donde se encuentra. Si seguimos tirando del hilo y nos centramos en el verbo “posicionarse”, éste nos remite aún más claramente a la noción de “posición”, de “postura”, abriéndose además al mundo de los significados abstractos. Pasamos del mundo físico al de las ideas, y “posicionarse” también alude al hecho de mostrar nuestro parecer, de dejar ver nuestra actitud, de situarnos en una zona concreta de la circunferencia que, a modo de símil, puede suponer el rango completo de las alternativas a adoptar ante cierto aspecto.

 

Cuando entablo una conversación, cuando adopto un rol en un grupo, cuando afronto las pequeñas vicisitudes diarias o cuando me enfrento a una experiencia nueva, estoy irremediablemente posicionada.

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Fractura de estándares

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"Precisamente de lo que más podemos aprender es de las experiencias negativas". Esas experiencias que calificamos de negativas, si lo fueron es porque no respondieron a nuestras expectativas, a los estándares dentro de los cuales deberían haberse movido hipotéticamente para obtener un resultado grato.

 

"A veces reaccionamos, no gestionamos". Y esque es lo más fácil, ¿no? Cuando algo choca de frente con nuestros patrones, nuestro yo “en automático” responde. Enfadado, frustrado, decepcionado, humillado... no le gusta lo que percibe y, en el acaloramiento del momento, no es capaz de pararse a pensar y contemplar la posibilidad de que, si se revuelve bien entre el aparente fracaso, puede aparecer algo valioso.

 

Comentando en grupo nuestras experiencias a la hora de vivenciar, en el presente, pasadas situaciones, tanto positivas como negativas, algunos señalaban cómo, en el caso de las negativas, se tendía a “pasar por ella

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Explorar no es lo mismo que buscar

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Había que “dejarse llevar”, había que “fluir con la experiencia”. Haciendo uso del espacio como medio para secuenciar los recuerdos y preferiblemente cerrando los ojos para aislarnos de los estímulos externos, que podrían interferir en ese “rememorando”, se nos proponía que, por unos minutos, intentáramos vivenciar una situación comunicativa en la que nos habíamos sentido especialmente bien y otra en la que nos habíamos sentido especialmente mal.

 

Dos situaciones comunicativas, dos tareas, dos sesiones diferentes.

 

Igual que no es lo mismo hablar sobre una experiencia que sentirla (o que “resentirla”) esta actividad me hizo darme cuenta de que tampoco es lo mismo una búsqueda que una exploración.

 

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Atendiendo a estímulos

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Cuando nos comunicamos... ¿en quién solemos centrar la atención?

 

Desde luego, y a pesar de que resulte paradójico si tenemos en cuenta lo preocupadas que las personas estamos en la reacción que producimos en los demás, los primerizos en esto de la exploración comunicativa centramos gran proporción de la atención en nosotros mismos.

 

Sería lógico pensar que fijarnos en nuestra ejecución nos dará pistas de valiosa utilidad a la hora de autorregularnos. Pero... ¿no es asimismo una fuente de información incalculable la que recibimos del exterior?

 

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