Gloria |
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema PERSONAL. La primera de las imágenes es la Avenue de Clichy (1887), de Louis Anquetin; la segunda, probablemente más conocida, es la Terrasse du café le soir, Place du forum, Arles (1888), de Vincent van Gogh. Dicen que van Gogh se inspiró en su amigo Anquetin. Sin entender mucho, se aprecian similitudes, también se aprecian diferencias. Sin querer extenderme mucho, pero sintiéndome muy agradecida por todo lo que este espacio ha supuesto para mí, doy la bienvenida a otro, seguro que similar y seguro que diferente. No te creas todo lo que te dicen, tampoco todo lo que ves, tampoco todo lo que infieres de lo que te dicen ni de lo que ves, porque jamás, jamás, estarás en lo cierto. Lo que no ves, lo que no oyes, o lo que no te gusta ver ni oír, también cuenta. Y lo que oyes y ves cuenta de la manera en que tú quieras y hasta donde tú quieras, también de la manera y hasta donde el otro considere. Así pues, nos encontramos en un laberinto lleno de significados a la caza y captura del otro, a veces solapados, a veces encontrados, a veces peleados. Dicen que cuando se empieza no hay marcha atrás. Yo digo que cuando empiezas a jugar, a veces puedes pasar a ser juguete. Y ser un juguete, aunque en principio no agrade, puede ser lo más conveniente, lo más útil y lo más “merecido”. Cuando no te guste algo, cuando de hecho rehúyas de ello sin mucho fundamento, o con demasiado, párate a pensar, porque a lo mejor te gusta pero no lo hace del mismo modo esa parte de ti que quiere formar parte de un reflejo anhelado. Cuando te sientas descolocado, no te reprimas, no sonrías y respires profundamente queriendo convencerte de lo afortunado que eres por estar inmerso en un proceso de cambio del que saldrás reforzado. Puedes enfurecerte, entristecerte, dudar de ti mismo, querer volver a otros tiempos y a otras formas. ¿Y sabes qué? aunque no es el “absurdo tiempo” que a veces nos desean el que pondrá las cosas en su sitio, aunque las metáforas, como la anterior, como todas las que plagan este texto, nos hagan engancharnos en dolorosos procesos, son esos procesos, que inevitablemente se desarrollarán en el tiempo (y por favor, no me preguntes qué es el tiempo, no estoy para eso) los que nos conducirán a algo que probablemente no ser&aac Se oyen unas pisadas aceleradas, se muestra en imagen hojarasca otoñal sobre adoquines grises, con restos de lluvia. Unos pies en deportivas algo viejas van avanzando. Parece no haber mundo alrededor, pero los sonidos internos se hacen más intensos: el roce de la ropa, al compás del movimiento corporal, los latidos, que se atropellan, una respiración que se entrecorta. Isaac es moreno, alto, de piel clara y mirada translúcida. Se siente empapado, más por el sudor que por la llovizna de una oscura tarde de domingo, que se choca contra su chubasquero y crea pequeños regueros que le resbalan desde la frente a la barbilla, sobre unas mejillas ya algo enrojecidas. Se muerde el labio. Últimamente le gusta sentirse así, le gusta magnificar lo que experimenta en cada momento, le gusta meterse en el papel de héroe romántico determinado por su sino. Ya se está viendo desde fuera, como en una película, y sabe que con la banda sonora apropiada, su aspecto y el contexto se confabularán para crear una imagen que conmueva al más duro de los espectadores. No ha sido capaz. Otra vez. No ha entrado en el bar del final de la calle, ese donde se reúnen algunos de los compañeros del instituto los viernes por la noche. Ayer tampoco fue capaz. No le dio las gracias al conductor del autobús cuando, como otras veces, paró a medio camino para recogerle al verle correr. El domingo, en la comida familiar, tampoco fue capaz. Quiso sonreír a su abuelo cuando este le dijo, afable, que ya era hora de que se comprara una maquinilla de afeitar; en lugar de eso, farfulló algo mientras agachaba la cabeza. Quiso jugar con su prima pequeña, que, inconcebiblemente, y tras el poco éxito obtenido en ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Con quién? Tres desafíos, tres caminos, tres preguntas para contestar en ese riguroso orden. Para evitar la tentación de dejar que sea quien está conmigo el que termine decidiendo adónde voy. Para evitar caer en el error de definir quién soy a partir de quien me acompaña. Para no pretender definir mi rumbo desde lo que veo del tuyo. Para no permitir que nadie quiera definirme en función del rumbo que elijo y mucho menos confundir lo que soy con esta parte del camino que voy recorriendo. Jorge Bucay (2008) Me llamo Laura. Mi último año ha estado cargadito. Hace poco me planteaban, a grandes rasgos, lo siguiente: “Estás a punto de casarte con el chico con el que llevas años cuando aparece otro que te llama la atención, bastante. ¿Qué haces, sigues adelante con esa vida de certezas junto a esa persona que ya pareces conocer completamente y a quien amas o te lanzas al vacío, abandonándolo todo arrastrada por esa nueva atracción?” Rápido, quizá demasiado (porque las cosas no son tan simples como parecen, bien lo sé yo) me decanté por lo segundo, pues lo que podríamos llamar un fobia a experimentar la sensación de asfixia, trampa o cárcel personal me lleva persiguiendo un tiempo. Más tarde, me di cuenta de que la metáfora planteada por mi “amigo” se quedaba “corta”: por difícil que fuera la elección... ésta al menos estaba compuesta de dos opciones reales, palpables, físicas (¡dos hombres, ni más ni menos!). ¿Y qué si la elección estuviera entre tu amante y devoto novio de años y la más gris incertidumbre? ¿Y qué si te estuvieras debatiendo entre la seguridad de una relación bien cultivada y la inexistencia cercana de cualquier tipo de vínculo amoroso? ¿No es esto más complejo...? ¿No se usa a diario la “intercambiabilidad” a la hora de transitar por las relaciones? “¡Pero mira qué eres tonta Laura...! ¡dejarle porque... ya no sientes exactamente lo mismo...! si todavía hubieras conocido a alguien mejor bueno, Laura, pero así...”. Esto nadie me lo dijo. No se atrevían. Les habr The truth is kept secret swept under the rug if you never know truth then you never know love. Tras dos hermosos regalos en forma de ópera... aquí queda "Nessun dorma", un aria de la ópera de "Turandot", de Giacomo Puccini. No sé que tiene, no sé porque hace que se me encoja algo por dentro, que vibre, no sé porque estoy llorando "como una tonta" delante de la pantalla. Un salón de ópera precioso, cuidadosamente iluminado. No hay público. En la platea, los músicos. Los violines suaves y él delante, en medio, de etiqueta, sintiéndolo. ¿Y... quién es él...? Él es Paul Potts, un bonachón vendedor de móviles británico que se presentó a un programa "cazatalentos" porque... creía que tenía algo que ofrecer. Tras las escépticas expresiones del jurado, que no esperaba nada de un "hombre de la calle" que pretendía cantar ópera, ni más ni menos, todos los presentes quedaron conmocionados, como yo me quedo cada vez que lo veo. Atención a cómo van cambiando las caras de jurado y público; atención al momento de mayor apogeo; atención a las lágrimas de la gente... Las tres de la tarde, mucho calor, una sensación de prisa es la que me mueve. He llegado hace poco a casa, he comido rápido, revisión al correo, ni me he peinado cuando ya estoy cogiendo de nuevo el bolso. Vuelvo a por las gafas de sol y, una vez en mi poder, me las calo bien. Con movimientos rápidos, me monto en el coche, dejo el tocho de carpetas y apuntes que llevo (más de los necesarios) en el asiento de copiloto, pongo el casette y... el CD ya está dentro, listo. Es el mismo últimamente. Abro las ventanillas y, con los primeros acordes, arranco trepidante. Aunque estoy en ciudad, voy más rápido de lo que debería, por el carril de la izquierda, mostrando un absurdo enfado si algún despistado, o relajado conductor, hace que avance más despacio. Pelo al viento, supongo que expresión concentrada... Cuando he dejado atrás el paso de cebra que conecta la Calle Libreros con Cuatro Caños vuelvo a poner la misma canción, la primera, la subo un poquito más. Quedan unos tres minutos para que llegue a la facultad y quiero que suene esa. Demasiado rápido, entro en la calle del parking y me meto en él, maniobrando para no dejarme los bajos en el irregular terreno. Paro, apago el motor y... tengo que apagar la música, ya he llegado. Silencio, vuelvo a la realidad. Cuando me doy cuenta de lo qu No era tan fácil como parecía, y es que... al contrario de lo que es habitual en esto de los puzzles... no tenía una muestra en la que fijarme, lo que me ha hecho pensar en el por qué de la muestra y en lo que corta la iniciativa y exploración del “buscador” de piezas el hecho de tener una pauta que irremediablemente se consulta. Pero bueno... quién soy yo para cuestionar una larguísima historia en lo que a estos “pasatiempos” respecta... La cosa es que llevaba mirando el botecito de cristal que tanta ilusión me hizo recibir ni se sabe cuánto tiempo. Lo tengo en el escritorio, junto a un par de velas, un búho de la suerte traído de Comillas por una de mis amigas, un vaso de cerveza Guiness que rescaté en Dublín y que ahora sirve de cobijo a un clavel algo marchito y montones de utensilios con los que organizar mi vida académica. Tarde de de domingo, peculiar tiempo atmosférico; termino de colgar un post cuyo fin se había prolongado exageradamente en el tiempo y... me digo: “Gloria, ahora o nunca”. Despejo la mesa de operaciones y vuelco las piezas sobre ella. Le doy la vuelta a todas y sonrío recordando parte de mi infancia, recordando la vez en que “me pasé de lista” y pedí para Reyes uno de tropecientas piezas que... para mi sorpresa e inicial desasosiego, fue de tropecientas al cuadrado (estos Reyes... qué avispados) pero que finalmente terminé por hacer... Ante mis ojos se encuentran más de cien piezas de tonalidades tremendamente parec Abro la puerta, echo un vistazo general y busco un sitio donde sentarme. Una melodía de fondo. Dejo el bolso en el suelo, me quito el abrigo, saco la carpeta y de ella un folio, también un bolígrafo con el que escribir. Me recoloco el pañuelo que llevo al cuello, doy un par de sorbos de la botella de agua. Intercambio comentarios y unas cuantas risas con unos compañeros que ya conozco. Miro al frente: allí está Alejandro, traqueteando en el ordenador. No sé si preparando algo para la clase o dándonos tiempo, quizá también dándose tiempo... Estoy inquietamente feliz o felizmente inquieta. “Alumnos con expectativas” era lo que esperaba tener. Y... supongo que no se equivoca. Es curioso cómo lo que comenzó como un blog aparentemente académico (aunque en su evolución y, afortunadamente, lo "académico" en el sentido más tradicional se fue quedando por el camino ) pasó a ser más personal, y cómo de lo personal puede volver a lo anterior... También es curioso cómo cada vez me doy más cuenta de que no podemos disociar los planos que nos componen. De ahí esa espiral, que para mí supone la continua evolución e interrelación; de ahí la multiplicidad de colores, que muestran las pequeñas parcelitas que hay en nosotros y que, juntas, forman un todo. Han pasado poco más de dos meses desde la última vez que nos vimos, y entre nosotros... sólo ha mediado este contacto virtual que ahora toma la forma de una sexta carta. Sin embargo, siento que han pasado años y que este frío invierno se ha desdoblado en varios, eternos pero cargados de momentos de sabia introspección. Jorge, tú has optado por pasar un tiempo en esa isla donde dices muchos han ido por amor y otros... por miedo a él. Yo... también pensé en desaparecer, y he viajado. A algunas personas les da miedo la soledad, y buscan siempre calor humano a su alrededor. Yo disfruto mucho de la compañía, pero en los últimos tiempos he empezando a disfrutar también de la calma que te proporciona estar sola en una estancia, en una casa... sin necesidad de intercambiar fórmulas de cortesía con aquellos con los que te topas cuando lo que en realidad deseas es estar contigo misma. Apreciar un paisaje lleno de vida vegetal y animal pero sin compañía humana, caminando La era digital en que vivo hace que mis ideas se plasmen mejor a través de las pulsiones de las yemas de los dedos. Aún así, escribo a mano, acompasando mis movimientos con el traqueteo del coche, sobre un trozo de papel usado cuyo dorso rescato. Música de fondo: un recopilatorio de “Presuntos Implicados”. Diferentes frases en la voz de Soledad Giménez que llaman mi atención: “cada paso que se dio, algo más nos alejó...”, “es una historia del mañana...”, “voy a esperarte, con el alma llena de empeños, y el sabor que tienen los sueños...” El vuelo de un pájaro entre la gris nebulosa. La nieve cubre los surcos del arado Un explorador me dijo hace tiempo que había ocasiones en que no podía evitar que las metáforas salieran a borbotones mientras hablaba. El lenguaje, don del ser humano, tiene como fin primigenio el de facilitar la comunicación, pero esta comunicación puede ser un diamante en bruto o... algo más... en manos del joyero queda. Puede que vaya en cuestión de exigencias o de “conformismos”... simplificando puede que simplemente sea cuestión de atracción, de gustos... Es curioso cómo, en ocasiones, nos resulta más fácil (y sin duda, también más placentero) recurrir a asociaciones, a un lenguaje figurativo de significados implícitos, a la hora de expresarnos. Hay cosas que yo no sabría decir sin echar mano de este recurso que suele estar incluido en algún apartado del libro de lengua de primaria pero que creo se aprende a usar a base del juego, del disfrute, de la magia de las palabras... (... continúa) Jorge, yo tampoco antepongo un calificativo a tu nombre, no porque no se me ocurran varios, sino porque, en el punto en el que nos encontramos no me gustaría que, y probablemente con sentido desde tu perspectiva, me tacharas de hipócrita. Hablo de “perspectivas” e... irremediablemente una pequeña pieza que, aunque no quiera, siempre pone en marcha el engranaje de mis pensamientos, comienza a girar suavemente, ayudada por ese aceite de salada composición que en los últimos días me acompaña más de lo que quisiera: cuando me levanto, cuando aún en bata preparo el desayuno, cuando el vapor de la ducha empaña el cristal de un espejo donde últimamente prefiero no mirarme... pero también cuando, en mitad de la noche, me despierto angustiada. Me gusta creer en la existencia de la empatía, esa aliada que te ayuda a acercarte al otro de una manera tierna y limpia de prejuicios. Sin embargo... intuyo que tiene un límite. Ese límite aparece cuando, por mucho que lo desees, te topas de bruces con una incomprensible maraña de hilos que ni el más paciente de los sastres ser&ia Querido Jorge, comienzo esta carta con un nudo en el pecho, con una presión que no me deja respirar, con una angustia difícil de describir pero que no impide que me siente a escribirte. Me gustaría decirte, con respecto a la otra noche, que... “esto es sólo un juego para mí, una tésis”, pero... ya no sé si es cierto. A veces hay que ser valiente y actuar, a veces hay que ser valiente y hablar, a veces hay que ser valiente y... escribir, como estoy haciendo yo ahora, aunque llevemos mucho tiempo convenciéndonos de que no seremos capaces. Para mí esa vida virtual en la que yo era Nada Blue y nadie me conocía, en la que podía empezar de nuevo, en la que podía construirme desde abajo, siguiendo esa imagen ideal que todos tenemos en mente, en la que podía encontrar (reales o no) pensamientos cercanos a los míos... comenzó como un juego y se convirtió en un sueño que, en cuanto podía, acercaba a mi realidad para olvidar las cosas que, ahora que puedo contemplarlas con perspectiva... no me satisfacían. (... continúa) Me llamo Laura y tengo veinticinco años. También me llamo Nada Blue. Desde hace dos años vivo con Jorge, mi novio. Somos tan... diferentes. Es cierto que quizá yo pienso demasiado, analizo cada nimiedad, pero él es... tan... físico, tan... llano, tan... Yo eso siempre lo he sabido, aunque quizá al principio esa envolvente sensación que surge cuando te enamoras hacía que no le diera importancia, que lo tolerara sin problemas, que incluso llegara a considerarlo... gracioso. (... continúa) Para qué andar descalza sin rumbo, para que izar las velas del mundo... para qué rebajar la condena, para qué si te mata la pena... para qué echar perfume a la vida, para qué si te escuece la herida... Parece mentira... cinco meses... Fue en mayo cuando escribí el último artículo de un blog que había estado plenamente vivo desde que germinara hace ahora casi un año. Ni siquiera colgué un “cerrado por vacaciones”, como alguna vez ha hecho una buena amiga en su espacio a compartir, y, por si fuera poco, dejé en portada un artículo “de caras” que a alguno le ha llegado a producir pesadillas... :) Me fuí... quizá como empecé... de repente, pero no porque no tuviera cosas que contar, porque este tiempo ha dado para mucho, sino porque quizá me faltaba el arranque para comenzar a plasmarlas en esas palabras que, cuando creas, para bien o para mal... ya no desaparecen. Llevaba varias semanas con el “runrún” detrás de la oreja: abría el blog, veía las dichosas caras y... ¡como que hasta a mí se me quitaban las ganas! Pero de repente... aquí estoy. Tenía la idea de buscar un hueco una madrugada, con la casa silenciosa y la mente ágil, para retomar, pero... estaba leyendo un capítulo de “trastornos” y... ¡lo he tenido que dejar! Las ganas me han podido y no me dejaban concentrarme en otra cosa. Miro para atrás y me doy cuenta de que... he tenido muchísima suerte. Este último año ha estado repleto de novedades, de descubrimientos, de encuentros y... también Siguiendo la estela de cierta persona afectada por los efluvios primaverales... :P me animo a escribir. Esta primavera intermitente, de sol del que dora la piel y lluvia de la de observar tras cristales, me remite de nuevo al carácter de transitorio que esta estación, junto con el otoño, explícita o implícitamente, puede salpicar a nuestras vidas. Ha habido de todo: deliciosas novedades, giros, reencuentros, y encuentros producidos como nunca antes se pudieron concebir (de esos que hacen ver al otro a través de una lente nunca antes usada), quizá incluso algún desencuentro interno... al fin y al cabo, la primavera nos altera y puede hacernos tocar el cielo o “tocar el piso con la barbilla”. Y mientras tanto... muchos temas pululando y por dentro... rumiando (pero qué maaalo qué es rumiar!!): vaya tema el de la “Identidad y el sí mismo”, creo que podría estar una vida entera reflexionando sin llegar a ninguna parte (aunque quizá el camino, de nuevo, es lo que cuenta, más si te hace disfrutar). Y entre encuentros y desencuentros, y entre sol y lluvia, y e Fueron siete días estupendos, que llegaron en el momento perfecto y que compartí con alguien muy especial. Tras unas semanas de estudio y trabajo, y recién finalizados los cinco folios plagaditos de historia, me dispuse a hacer una maleta llena de ilusión y prisas. Era un viaje bien planeado de antemano, tanto que... su silueta se había diluido en esa tiniebla que nos sobrevuela. Ese cúmulo de pensamientos que siempre se me amontonan, y que durante la temporada previa habían sido ordenados estratégicamente para no descuidar nada, me habían mantenido bien ocupada. Pero... el merecido premio esperaba. Me subí al avión contenta y algo que para algunos habría resultado tedioso, el viaje de casi doce horas hasta Malvern, mágico lugar de la geografía británica, me pareció de lo más estimulante. No se q En términos generales, a la gente le gusta la estabilidad. Parece que con las cosas bien claritas y conocidas nos sentimos seguros. Los cambios... ¿asustan? A algunos mucho, a otros no tanto. Pero lo que si es cierto es que nos exigen una tensión mental (que a veces se traduce en física) que nos saca de la rutina, de la calma, del día a día ... Es curioso, por otra parte, cómo podemos afrontar grandes acontecimientos con más calma de la que hubiéramos previsto y como sin embargo, otros insignificantes, nimios, despreciables... nos hacen dar un vuelco. Esa pequeñísima preocupación que se te instala en la cabeza y te mantiene absorta, puede llegar a hacer que te des cuenta de "cuán bien" te movías en tu fluída realidad. Me levanto esta mañana y, mientras me dirijo, aún con legañas en los ojos,al baño, me dice mi hermana: "¡Corre! ¡sube la persiana!". Intuyendo algo, voy corriendo y... todo blanco, espectacular y, sobre todo, novedoso. Dicen que hace 10 años que no caía una así, y de aquella... yo no me acuerdo. Curioso cómo nos puede influir algo así... he estado todo el día en casa intentando hacer algo "de provecho" pero, a la mínima, me descubría mirando por la ventana el paisaje. Así que al final... mucha ropa de abrigo para poder disfrutar de la nieve. Mi hermana yo tirándonos copos, yo "haciendo el ángel", jaja, y... finalmente, mi muñeco, como recuerdo de un día que a ninguno ha dejado indiferente. Una melodía que me pareció perfecta para comenzar un nuevo año lleno de sueños, ilusiones y ganas... para todos, en cualquier lugar. This song says... no matter who you are, no matter where you go in your life, in some point you should need to somebody to stand by you. Playing for change is a multimedia movement created to inspire, connect and bring peace to the world th - Venga, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada... Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más? El maestro, sin mirarlo, le dijo: - Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema, quizá después... – y haciendo una pausa, agregó – Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez pueda ayudarte. - E... e Una cocina amplia, con estufa de leña, crepitando sin cesar para dar calor; mucho frío fuera, ya de noche. La familia repartida en sillas, demasiado duras para pasar un rato largo. Todos frente a un televisor de catorce pulgadas, una mediocre película de las que hace reir sin pensar. Yo en pijama y gafas, despeinada... Juntos. Ya no quiero más. CANCIÓN DEL PIRATA Con diez cañones por banda, La luna en el mar riela Navega, velero mío Veinte presas Que es mi barco mi tesoro, Allá; muevan feroz guerra Y no hay playa, (... continúa) Dicen que... "después de la tormenta siempre llega la calma" "después de un invierno malo... una buena primavera" y tú te lo quieres creer, pero no se vive de palabras y si me apuras... tampoco se vive de hechos se vive de ilusiones, se vive de EMOCIONES... y de repente, cuando menos te lo esperas, ¡llegan! y vienen pisando fuerte. "Volver la vista atrás sólo tiene sentido si con ello se va a iluminar el futuro". Esta frase era el cierre de un artículo sobre la evaluación de un proyecto de innovación escolar. Desde luego, en este contexto tenía su sentido: se hacía referencia a la utilidad de revisar, analizar y evaluar lo que había ocurrido en una experiencia educativa no con objeto de clasificar o calificar, sino para sacar el mayor jugo posible que invertir en el futuro. Creo que una frase llena de tanta verdad también tiene su sentido en la vida diaria : no creo que haya que obviar el pasado u olvidar aquello que no nos gusta o entristece pues todo, al fin y al cabo, forma parte de nosotros, pero sí que creo que no debemos recrearnos y recrearnos sin sentido en aquellos hechos pasados dolorosos pues... no nos dejarán avanzar, sentiremos la tensión de unas cadenas invisibles. Eso sí, muchas de las cosas que hemos vivido nos ayudarán a seguir viviendo: nos ayudarán a iluminar el camino que nos lleva lejos. El otoño, como la primavera, es una estación de transición, y creo que es por eso por lo que ambas tienen ese encanto especial. El otoño comienza con esa calidez de un verano que se escapa y finaliza presentando al frío invierno, pero en su intervalo nos ofrece una época de viento, una época dorada de árboles que se desnudan con la esperanza de encontrar algo que les cubra en la primavera siguiente. El otoño, con sus cambios, ofrece un periodo de calma, a mi parecer, e incluye en él el comienzo del "nuevo curso", que puede deparar cosas desconocidas. Quizá también para las personas que se percatan de lo que ocurre un otoño, estos meses pueden suponer una transición... Estaba hablando yo con una amiga (mi mejor amiga) y es curioso darse cuenta como, a pesar de estar viviendo en países diferentes y tener tipos de vida completamente diferentes (al menos durante este año) nos siguen pasando (como casi siempre) cosas muy similares. Comentábamos que teníamos, desde hace tiempo, cosas que nos habíamos propuesto hacer pero que... "íbamos dejando". Yo, mismamente, llevo desde el mes de Octubre proponiéndome ver y leer cosas inglés (no hay que olvidarlo) o apuntarme a un gimnasio para desfogarme y liberar la energía que, por ahora, solo consigo eliminar escribiendo (una especie de catarsis o cura ¿se dice así?). Sin embargo... cuando pasa el día 1 de cada mes y no se ha hecho nada... esperas al día 1 del mes siguiente (estúpida costumbre de comenzar los planes en "fechas clave", así como estúpida costumbre de comenzar a estudiar un tema a las horas en punto), y así sucesivamente. Si me apuras... y porque te das cuenta de la estupidez de tu estrategia... te planteas comenzar los nuevos planes un "lunes", un lunes fresco y tranquilo que depara una semana enterita; pero... volvemos a lo mismo, si ese lunes pasa... adios buenos propósitos hasta el siguiente. Esto, a mayor envergadura, es lo que mucha gente hace para el primer día de cada año (eso es una locura aún mayor, la locura en mayúsculas) porque... ¡oh, pobre de tí, como se pasen los primeros días del año y no hayas comenzado a dar lo mejor de ti para alcanzar esos "dulces" objetivos que te has marcado! ¡¡tienes que esperar al año siguiente!! Ya a modo de broma, le he dicho a mi amiga que... me había dado cuenta de que mañana es, ni más ni menos... ¡día 1! comenzamos un mes que puede est Hay días en los que el sol luce más, sales a la calle y el aire huele a un "nosequé" que te hace sonreir, te enfrentas a tus tareas con ganas, con fuerza, como si te fuera la vida en ello. Muchos sueños e ilusiones corretean por la mente porque... ¡ se pueden hacer tantas tantas tantas cosas...! incluso se te acelera el pulso, porque parece que no habrá tiempo suficiente. Hay días en los que te duele el cuerpo, te duele la mente y te duele aquello otro. Los sueños anteriores parecen no tener tanto brillo, se vuelven borrosos, pareciendo inalcanzables. Cada pequeña cosa es... ¡una montaña enorme que escalar! te preguntas por qué las personas nos metemos en faenas que nos exigen una responsabilidad a la que a veces parecemos no estar en disposición de responder... Tus decisiones en el pasado asustan a las que están por venir, que huyen despavoridas. "Estaba llorando. Inquieta. Nada iba a consolarla, ni siquiera la lluvia que invocaba ríos en las calles de su cuidad natal. A veces quería cambiar esa forma de verse triste, pero, ante cualquier intento, siempre aparecían quinientas excusas para dejarse vencer, lo cual resultaba extraño para alguien tan fuerte como parecía ser ella. Aquella niña que una vez estuvo tan sola nunca había experimentado, en verdad, la completa soledad. Sería por eso, tal vez, que ahora necesitaba con tanto ahínco que alguien la cuidara. Me gustaría que este blog, ante todo, fuera un espacio a compartir y... aprender. A veces, cuando escribimos, nos es más fácil liberarnos de las inquietudes que nos persiguen o de los pensamientos que nos rondan. ¡Os animo a todos a que escribais lo que os plazca! Como imagen... una que me trae muy buenos recuerdos. |
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