Gloria |
![]() |
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2009.
Me llamo Laura y tengo veinticinco años. También me llamo Nada Blue. Desde hace dos años vivo con Jorge, mi novio. Somos tan... diferentes. Es cierto que quizá yo pienso demasiado, analizo cada nimiedad, pero él es... tan... físico, tan... llano, tan... Yo eso siempre lo he sabido, aunque quizá al principio esa envolvente sensación que surge cuando te enamoras hacía que no le diera importancia, que lo tolerara sin problemas, que incluso llegara a considerarlo... gracioso. (... continúa) Querido Jorge, comienzo esta carta con un nudo en el pecho, con una presión que no me deja respirar, con una angustia difícil de describir pero que no impide que me siente a escribirte. Me gustaría decirte, con respecto a la otra noche, que... “esto es sólo un juego para mí, una tésis”, pero... ya no sé si es cierto. A veces hay que ser valiente y actuar, a veces hay que ser valiente y hablar, a veces hay que ser valiente y... escribir, como estoy haciendo yo ahora, aunque llevemos mucho tiempo convenciéndonos de que no seremos capaces. Para mí esa vida virtual en la que yo era Nada Blue y nadie me conocía, en la que podía empezar de nuevo, en la que podía construirme desde abajo, siguiendo esa imagen ideal que todos tenemos en mente, en la que podía encontrar (reales o no) pensamientos cercanos a los míos... comenzó como un juego y se convirtió en un sueño que, en cuanto podía, acercaba a mi realidad para olvidar las cosas que, ahora que puedo contemplarlas con perspectiva... no me satisfacían. (... continúa) Jorge, yo tampoco antepongo un calificativo a tu nombre, no porque no se me ocurran varios, sino porque, en el punto en el que nos encontramos no me gustaría que, y probablemente con sentido desde tu perspectiva, me tacharas de hipócrita. Hablo de “perspectivas” e... irremediablemente una pequeña pieza que, aunque no quiera, siempre pone en marcha el engranaje de mis pensamientos, comienza a girar suavemente, ayudada por ese aceite de salada composición que en los últimos días me acompaña más de lo que quisiera: cuando me levanto, cuando aún en bata preparo el desayuno, cuando el vapor de la ducha empaña el cristal de un espejo donde últimamente prefiero no mirarme... pero también cuando, en mitad de la noche, me despierto angustiada. Me gusta creer en la existencia de la empatía, esa aliada que te ayuda a acercarte al otro de una manera tierna y limpia de prejuicios. Sin embargo... intuyo que tiene un límite. Ese límite aparece cuando, por mucho que lo desees, te topas de bruces con una incomprensible maraña de hilos que ni el más paciente de los sastres ser&ia |
Blog creado con Blogia.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras